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lunes, 11 de junio de 2012

Denuncian caso de bullying, en Tuxtla




Por Rafael Espinosa:

Un adolescente fue sometido a varias cirugías y estudios clínicos después de ser víctima de bullying en la clase de música. Carlos tiene 15 años y es alumno de tercer grado grupo “A” de la escuela secundaria “Benito Juárez”, en el Instituto de Estudios Superiores de Chiapas (IESCH), en Tuxtla Gutiérrez.
Eran cerca de las 12:15 horas del pasado 18 de mayo. No había orden en el aula, los estudiantes estaban dispersos en grupitos y la profesora de música, que había entrado minutos antes, anotaba algo sobre el pizarrón.
Había pocos alumnos, pues la mayoría demuestra desinterés por la clase.
Carlos, casi frente al escritorio de la catedrática, exploraba las aplicaciones de un teléfono celular con una compañera. Luego la niña se fue y se quedó con otro condiscípulo. Ambos se levantaron de la silla y su amigo, por curiosidad, aparentaba grabar en derredor del grupo, sin embargo, nada se guardó en el equipo.
Uno de los alumnos que tiene su lugar casi en medio del salón, se incorporó del asiento y caminó hacia el frente y, sin mediar palabra, le dio un puñetazo en el abdomen a Carlos, mientras que la maestra le daba la espalda al grupo, entretenida en el pizarrón.
Algunos compañeros suyos compararon las estaturas de ambos como los personajes bíblicos de David y Goliat, debido a que el agresor es alto y fornido, en tanto que el agraviado es de complexión delgada y bajo de estatura.
Al recibir el golpe, Carlos encogió el cuerpo quejándose de dolor, llorando, pero sin gritar, y regresó a su silla. Minutos más tarde, el prefecto atendió el llamado de la maestra y se llevó a los dos a la dirección del plantel, acompañado de dos alumnos voluntarios para atestiguar.
El agredido fue llevado a la clínica de la institución para su atención médica. Su madre recibió una llamada telefónica en la que le preguntaron si su hijo es alérgico al paracetamol. Contestó preocupada que no y cuestionó sobre su hijo. Le dijeron de sopetón que lo habían golpeado y, minimizando el problema, agregaron que nada pasaba.
Cinco minutos antes de que terminara la clase de música el chico regresó, pero la profesora ya no estaba. Ella no se interesó y no se ha interesado por la salud del menor. Contra esquina de la puerta de entrada al aula hay una cámara de video, cuya grabación es negaba a los padres de la víctima.
“Me han pegado, pero no sé por qué”, dijo el menor al entrar a su casa, después de recuperar un poco de fuerza. 
"Estaba desencajado", recordó su madre.
El parte médico de la escuela resumió que tiene fuerte dolor abdominal por contusión por puño cerrado a la altura del ombligo. Le recetó paracetamol y le recomendó vigilancia, particularmente si tenía fiebre o vomitaba.
En el curso de la tarde presentó estos síntomas. En la noche fue llevado de urgencia a un hospital particular, donde el médico tratante le advirtió a la madre que Carlos tendría que ser operado por una irregularidad al interior del abdomen.
Le practicaron Rayos X, ultrasonido, pruebas de laboratorio, entre otros estudios, y durante su estancia las posibilidades de una intervención quirúrgica disminuyeron. La mamá pidió el alta voluntaria de su hijo para cuidarlo en casa, donde estuvo con tratamiento médico y vigilancia.
El lunes siguiente la mamá fue a la escuela, cuyo rector es Emilio Enrique Salazar Narváez, para reclamar los gastos, no obstante, le pidieron las facturas desglosadas y le advirtieron que el plantel asumía la responsabilidad a través de un seguro que cubría como máximo siete mil 500 pesos.
Debido a la gravedad del problema, el menor fue internado nuevamente en otro sanatorio particular, donde le hicieron otros estudios y transfusiones sanguíneas, pues su salud había empeorado. Lo operaron, puesto que tenía una perforación en el intestino delgado y el médico tendría que cortar y pegar, o reparar el orificio, aunque los riesgos eran peligrosos.
Después de varios días de cuidados intensivos en el sanatorio, la señora llevó a su hijo a la casa para evitar el desgaste físico, las cuentas y otras desventajas. Actualmente la salud del muchacho es sumamente delicada, dado a que los médicos le detectaron líquido anormal en la vesícula.
Los gastos de la familia superan los 150 mil pesos, el joven está bajo observación estricta; continúa con tratamientos, consultas, dietas, entre otros cuidados, mientras que el agresor y los directivos de la escuela actúan como si nada hubiera pasado.

domingo, 10 de junio de 2012

Expulsan a familia índigena, en Oxhuc



Rafael Espinosa:

Daniel Gómez Santiz y su esposa recién operada fueron retenidos por agentes de la Policía local, en una casa de campaña política de la comunidad San Juan, municipio de Oxchuc, por simpatizar por un partido diferente.
Gómez Santiz denunció los hechos el 7 de junio ante la Dirección de Información, Orientación, Quejas y Gestiones, de la Comisión de Derechos Humanos, donde se integró el oficio DIOQG/1475/2012 y el expediente CEDH/OJ/1959/2012.
El miércoles 6 de junio las autoridades locales entregaron láminas y rollos de alambre a los pobladores. El campesino y su esposa firmaron documentos anticipadamente, como todos los demás, y dieron una cooperación al agente del comité municipal para recibir apoyo de la presidenta de la localidad, Cecilia López Sánchez.
A don Daniel, padre de ocho hijos, le dijeron que las láminas las entregarían dentro de 15 días, pues las mujeres serían las primeras en ser beneficiadas inmediatamente, pero le advirtieron que él tenía que acompañar a su esposa a la casa de campaña de Valdemar Morales Vázquez del partido Nueva Alianza.
El indígena tzeltal y su cónyuge (operada hace menos de un mes) tienen su domicilio en la comunidad Cruz Akilja, Oxchuc, motivo por el cual caminaron dos horas y media entre las montañas para llegar a la comunidad San Juan.
De acuerdo con la denuncia, llegaron a las doce del día y esperaron varias horas aguantando hambre en la casa de campaña. Valdemar y su séquito se presentaron a las cuatro de la tarde y los atendió hasta las seis de la tarde.
Valdemar salió de sus oficinas, preguntó por la gente, particularmente por las mujeres de San Juan. El agente ejidal asintió que estaban todas. En ese momento Valdemar se dirigió a don Daniel diciéndole descortésmente el motivo de su presencia.
Don Daniel se acercó para saludarlo y le contestó que el agente del comité de su comunidad lo había llevado, además había llegado porque supo que entregaría apoyos a las mujeres, entre ellas a su mujer.
Valdemar comenzó a pasar lista y jamás pasó el nombre de la esposa de don Daniel. Al final, el campesino de 44 años fue llamado por Valdemar quien le dijo: “A ti a tu mujer les va a tocar nada, porque tú no estás a favor de nosotros”.
“Cómo no, señor, además yo ayudé a cargar y descargar el camión aquí en tu casa de campaña; aquí están los 40 rollos de alambre”, le contestó como pudo en castellano y agregó “mira, señor, aquí está el nombre de mi mujer, entonces porque nos obligaron a firmar”.
“Ta´ bien, señor, no por eso voy a llorar… me estás corriendo como a un perro”, enfatizó don Daniel y se dio media vuelta para retirarse con su esposa.
Sin embargo, de pronto, él y su mujer fueron retenidos por varios agentes de la Policía que inundaban la casa de campaña. Eran las seis y media de la tarde. Los retuvieron hasta las once y media de la noche, parados, con su hijo de brazos de siete meses y con hambre.
Estaban presentes Valdemar y su planilla; la presidenta municipal de Oxchuc, Cecilia Lopez, y otros funcionarios locales.
“No lo niego, le menté la madre”, relató en entrevista.
Don Daniel, enfurecido, advirtió a Valdemar y a todos los presentes que los denunciaría ante la Fiscalía Especializada Para la Atención de Delitos Electorales (FEPADE) y ante la Comisión de Derechos Humanos.
“¡Denúnciame, me importa madres los derechos humanos!”, le contestó Valdemar.
Don Daniel prestó dinero y con impotencia viajó a San Cristóbal y nadie le dio razón de dónde podía poner la denuncia. Luego se trasladó a la capital. Llegó a la Comisión Estatal de Derechos Humanos, donde le dijeron que los problemas electorales a ellos no les importa.
A través de un documento membretado por la CEDH y firmado por Graciela Guadalupe Velasco Cordero le recomendaron acudir ante el fiscal electoral Hugo Gómez Estrada.
Antes había tomado un taxi que lo transportó al otrora edificio de la Procuraduría General de la República, delegación Chiapas, en la 4ª Norte, entre 4ª y 5ª Oriente, donde encontró el edificio abandonado, pues ahora las oficinas están en el Libramiento Sur Poniente.
Desanimado, dijo, caminó hacia el centro y se dirigió a las oficinas de este medio de comunicación para denunciar los hechos, debido a que sólo le quedaba dinero para regresar (de los 200 pesos que había prestado), incluso “todo el santo día” no había comido.
Contó que durante la retención en la casa de campaña, a los habitantes de la comunidad les dieron de comer, mientras que a él y a su esposa, rodeados de policías, les negaron los alimentos.
En la reunión alguien expresó: 
¿Qué dicen, si expulsamos a Daniel de la comunidad San Juan?
“Sííí´”, contestó alegre la multitud. 
Porque ellos ya habían recibido su apoyo, recordó el denunciante.
“No se dejen engañar por este mentiroso”, intervino don Daniel, rodeado de policías.
Esa misma noche, miércoles, él y su familia fueron expulsados de la comunidad. 
A favor de la expulsión estuvieron el profesor Manuel Gómez Méndez; Lorenzo Gómez Méndez; Jorge Gómez Santiz, ex agente auxiliar municipal, quien hace dos años dejó la comunidad por incumplir el servicio social que se hace en la comunidad. Emiliano López Gómez, ex integrante del comité municipal, y Mateo López Gómez, actual agente auxiliar municipal, así como varios habitantes.

lunes, 14 de mayo de 2012

Mujeres asesinadas



Por Rafael Espinosa:

En Tuxtla Gutiérrez, en promedio, una de cada diez mujeres asesinadas es resuelto. La mayoría se archiva en los gabinetes de la Procuraduría General de Justicia del Estado, ante la carencia de investigaciones eficaces y de personal capacitado. Los crímenes resueltos se deben a que los asesinos son detenidos en flagrancia y raramente obedece a una investigación.
Entre los crímenes más sonados destacan el degollamiento de una licenciada dentro de su departamento, en el Libramiento Sur Poniente, a un costado del bar denominado “La Libélula”. 
En el barrio San Roque, las autoridades hallaron el cadáver de una joven embarazada quien fue ahorcada con un laso.
Oportunamente se dio a conocer también el desmembramiento y enterramiento de una joven presuntamente asesinada por su pareja, un chef de conocido restaurante, en la colonia Las Granjas.El sujeto fue detenido después de haberla reportado como desaparecida y luego, dos meses después, revelar su plan consumado.
Es preciso recordar el crimen de una empleada de la dependencia de gobierno “Chiapas Solidario”, ultimada a golpes y oculta semidesnuda al interior de un tinaco por su ex pareja, en la Bienestar Social. El homicida cayó en contradicciones en su declaración ministerial y fue encarcelado al confesar su delito.
Otro caso que conmovió a la sociedad es la muerte de una ingeniero al interior de la habitación de un autohotel llamado “La Isla”. Ella fue masacrada a golpes y asfixiada. En relación con este caso, la Policía detuvo a un sujeto, sin embargo, generó mucha polémica y sospecha entre la sociedad.
Un homicidio similar se registró en el autohotel “Bugambilias”, donde una mujer fue encontrada desnuda y con una toalla en derredor del cuello por la mucama dentro de un cuarto. En esa ocasión la Policía detuvo a un supuesto multihomicida de mujeres. 
Una trabajadora del DIF estatal también fue hallada sin vida en el hotel “Costa Azul” en cuyo caso estuvo involucrado un empleado de la Procuraduría General de Justicia del Estado y otra en el autohotel “Mediterráneo”.
Tampoco se puede olvidar el crimen de una joven envuelta en una colchoneta, a unos 50 metros de la prolongación del Libramiento Sur Poniente, cerca del obelisco “La Atorcha”. 
Una más en los alrededores de la Central de Abasto y otra, que tenía un balazo en el pecho, la encontraron debajo de un escaño, en el mirador del extinto Parque Morelos.
Recientemente mataron a una adolescente de 16 años, misma que fue encontrada en un baldío, a unos 200 metros de su escuela, con el cuerpo semidesnudo y una piedra que le tapaba de la cintura a la cabeza. La Policía aprehendió a dos sujetos, presuntos culpables de este homicidio. 
Otra muchacha sin existencia estaba en la habitación del apartamento de un edificio ubicado en la 1ª Sur, entre 2ª y 3ª Oriente, en el centro de la capital. Versiones oficiales informaron que falleció alcoholizada.
Una señora de 39 se debate entre la vida y la muerte, luego de que fue agredida el pasado fin de semana con una varilla en la espalda, en un restaurante de la colonia Plan de Ayala, por clientes desconocidos. 
Otra dama, hermana de un ex funcionario público, fue asesinada de varias puñaladas en su casa, cerca de la colonia Albania Alta, por mencionar algunos casos.
Hace unos meses una joven fue secuestrada en la colonia Jardín Corona y liberada por sus raptores cerca del Reloj Floral, cuyo caso movilizó a varias corporaciones preventivas y de investigación, sin que dieran con los responsables. 
Ayer una señora estaba tirada con los pies encadenados e inconsciente, frente a la Universidad Autónoma de Chiapas (Unach), en pleno bulevar Belisario Domínguez. Fue atendida por socorristas de la Cruz Roja e internada en el Hospital Regional.
La violencia intrafamiliar ocupa el primer lugar en las estadísticas de reportes diarios que maneja la Secretaría de Seguridad Pública Municipal, informaron fuentes oficiales.
En la actualidad, la agresión contra mujeres se ha vuelto más común, particularmente en los hogares y en la vía pública, comentaron los socorristas de la Cruz Roja quienes han atendido a damas golpeadas o heridas con algún arma punzocortante.
Ante este ambiente de violencia, la legislatura chiapaneca aprobó el año pasado reformas penales que tipifican el feminicidio como delito grave, el cual se penaliza hasta con 60 años de prisión, en Chiapas; sin embargo, el fenómeno es latente.

lunes, 26 de marzo de 2012

Arturo Aquino, El Piano de México




Por Rafael Espinosa: 

Parece una calle como cualquiera, salvo que aquí casi todos los días hay conciertos privados. La música queda atrapada en el cuarto de estudio, a dos cuadras del parque central de Ocozocoautla.
Desde la calle se escucha el murmullo de un piano alegre avivado por los dedos jóvenes del chiapaneco conocido como “El Piano de México”. Ensaya El Manicero, una rumba popular cubana.
Sus manos se ondean, cierra los ojos, disfruta de los sonidos y parece viajar en el pentagrama de la partitura. Se acompaña de músicos que tocan sendos instrumentos, dentro de esa recámara de luz tenue, paredes tapizadas de cartón, con pantallas planas y equipos electrónicos de afinación.
Rafael Arturo Aquino Rodríguez, pianista por convicción, apasionado y empírico por naturaleza, ha interpretado temas famosos en Europa, Centroamérica y Norteamérica.
Hace unos años, en la Ciudad de México, el cantautor yucateco Armando Manzanero resumió el talento de Arturo Aquino en cuatro palabras: “El Piano de México”.
La sala de espera, adyacente a la pieza de estudio, es acogedora, ajedrezada de reconocimientos, fotografías de aplausos "eternos", un cuadro de ángeles de miradas tristes, una lámpara colgada que alumbra el juego de sala azul y la mesa de centro de madera. 
Cristóbal, ayudante de staff, un señor sencillo que frisa los 38, cuenta que su tarea en cada concierto, entre otras, es subir y bajar el piano con mucho cuidado a la camioneta.
Sentado sobre el sillón mediano, mientras que la orquesta ensaya, Cristóbal dice que el piano también tiene su propio colchón. Ríe.
Se interrumpe la interpretación de El Manicero y “El Maestro”, como le llaman sus colegas de la sinfónica, estira su cuerpo espigado con la habilidad que sus 37 años le permiten. Está inquieto; quizá por la entrevista, aunque no es la primera vez que habla de su talento con un reportero.
Es posible que le haga falta el habano que fuma a veces en su casa de enfrente o está ansioso como acostumbra en las vísperas de cada concierto.
La pequeña sala se convierte en un pasadero de mercado. Algunos de sus compañeros permanecen en el estudio, otros entran y salen como él.
Abraham Coutiño, requintista de 34 años, de abdomen pronunciado, cara blanca y redonda, se preocupa por lo que opina acerca de “El Maestro”; está inseguro, desconfiado, y pregunta qué escribí. Le tiene respeto.

¾El Maestro lleva la música a niveles de excelencia ¾resumió.

Ahora está más tranquilo, se acomoda las gafas de graduación y se arrellana en el sillón de la sala.
Minutos después, cada uno alista las maletas de instrumentos y se van a bordo de un Caliber nuevo, manejado por Cristóbal.
Arturo Aquino cierra el portón, se acomoda sobre el sillón de tres plazas y comienza el recital de su vida. Está tenso, pero conforme pasan los minutos la soltura de sus palabras parecen más tranquilas.
Durante la entrevista se le antoja rascarse la parte baja de la espalda y de vez en cuando, por sus recuerdos chuscos, suelta una risotada que cimbra las paredes.
Recuerda, sin presumir, que gracias a Dios y a su talento ha dado conciertos en Perugia, Italia; Barcelona y Madrid, España; Frankfurt, Alemania; El Salvador, Honduras, Guatemala, y en Chicago, Estados Unidos, donde hizo un concierto a dueto con Alberto Cortéz.
Recientemente cumplió su mayor deseo de tocar junto a Raúl di Blasio, inclusive tuvo el honor de llevarlo a su estudio. Di Blasio lo escuchó tocar y le dijo que no necesitaba ensayos para compartir escenario con él. Hasta ahora se hablan por teléfono en fechas familiares importantes.
Es autor de una treintena de composiciones, sin embargo, sólo le complace presumir siete, entre ellas una que no incluyó en su último disco “por razones de desafinación”, ataja inmediatamente.
Rodrigo Díaz, chelista español y director de la “Orquesta Esperanza Azteca Chiapas”, llegó más tarde para ensayar con Arturo Aquino. Durante la charla de tres comenta que la exclusión del tema en la nueva producción es un pretexto incomprensible, porque “la obra de Arturo es una belleza”, dice con su acento madrileño.
Para desafiar el momento, Arturo esboza una sonrisa, en medio de la iluminación sobria del globo de luz, en la cálida sala.

¾Sentí que al tema le hacía falta algo ¾deduce apagando su risa.

Aunque tiene siete años de carrera discográfica, 17 de profesional y 29 de haber descubierto por vez primera su pasión por el piano, se considera artísticamente inmaduro.
Siempre ha sido admirador de los pianistas David Foster, ídolo canadiense; del francés Richard Clayderman, con quien anhela tocar a dueto a finales de este año. Del músico cubano Enrique Chía, del argentino cantante Carlos Gardel y desde niño de Raúl di Blasio. 
Hace días el maestro Armando Manzanero le habló por teléfono sólo para decirle que su nuevo disco es fenomenal… y colgó. Recuerda animado.  
Cuando niño era inquieto, acostumbraba a disfrazarse de artistas populares como “Chico Ché” o de luchador. Con una toalla a manera de capa atravesaba corriendo la calle hacia la casa de sus abuelos para mostrarles su atuendo.
Su madre, Rocío, tardaba más en peinarlo y mudarlo que él en desaliñarse.
Desde la infancia su padre, Aristóteles, le compró un teclado convencional con el que comenzó a ensayar; luego le regaló un piano.
A los seis años debutó con la interpretación del tema Amigo del brasileño Roberto Carlos, en una orden de nuevos sacerdotes católicos, en su pueblo natal, Ocozocoautla.
Siempre demostró disgusto por la escuela, particularmente con la materia de matemáticas, al contrario de manera natural resaltó su interés por la música y la educación física.
Después de terminar la preparatoria, intentó estudiar Relaciones Internacionales, Administración de Empresas y Diseño Gráfico, sin embargo, no duraba ni un semestre, pese a la insistencia de sus padres.
Un día, cuando sus padres llegaron a pagar la colegiatura, les dijeron que desde hacía días él no se había presentado a clases y sólo así descubrieron que las escuelas no eran malas, como él alegaba, sino que Arturo era el desinteresado.

¾Siempre fui malo para la escuela ¾acepta un poco resignado¾; mi padre dice que terminé la preparatoria porque Dios es muy grande. Otra carcajada. 

Tiene descendencia familiar de músicos por pasatiempo, pero sus padres tardaron en entender que él sería bueno en el piano. Cambiaron de opinión al notar que desarrollaba una habilidad tremenda, de modo que pretendieron matricularlo en la Escuela de Música de la capital chiapaneca, a media hora del pueblo, donde se llevaron una sorpresa.
Esa vez su padre le recomendó al maestro que lo escuchara tocar y éste se negó,  pero antes de que salieran del salón, aceptó. El maestro ordenó a Arturo que interpretara una canción, mientras que él salió del aula para escucharlo desde fuera .
Arturo estaba preocupado por la acción del profesor, incluso le hizo señas de interrogación a su padre.
Al terminar la melodía, el catedrático entró y concluyó que Arturo tenía su propio estilo, que si quedaba en la institución le cambiarían su virtud natural.
Don Aristóteles salió confundido, pues el maestro le había dicho también que su hijo sólo le faltaba aprender a leer las notas musicales.
Le explicó que las canciones son como una receta de comida, que cualquiera y en cualquier parte del mundo puede cocinarlas, pero que Arturo se salía de lo convencional y le ponía ingredientes extras que le daban una mejor sazón a las canciones.
Arturo contrajo nupcias a los 18. Se vio obligado a buscar trabajo y la propia necesidad lo condujo a desarrollar más su talento, por lo que comenzó a tocar en uno de los hoteles más lujosos de la capital chiapaneca.
Asimismo, vivió las peripecias de los principiantes, de cargar el piano e instalar el equipo para tocar baratamente en eventos sociales de su pueblo.
Su faena diaria en el hotel era de cuatro horas, más las que ensayaba en su domicilio, posiblemente éste sea el motivo por el cual hasta la fecha sufre de insomnio.
Cuando se acuesta temprano da vueltas en la cama, mira la televisión, platica con su esposa, checa sus correos electrónicos, hasta que cae nuevamente en el piano. Se levanta temprano para preparar el café o a tomar agua y después desayuna cereales.
En algunos fines de semana prepara el almuerzo. Dice que es hogareño y que otra de sus pasiones es atender siempre a su familia, salvo cuando sale de viaje. En las vísperas de cada concierto su esposa sabe que debe tratarlo con pincitas, pues es perfeccionista y es común que esté muy engolfado en la preparación de los temas.
Actualmente tiene tres hijos llamados Arturo Aquino, el mayor de 18 años, estudiante de cine y música; Diego de 13 y Bruno de 10, sin que tenga planeado uno más, pues ya "cerró la fábrica", dice, tirándose otra carcajada.

Ambidiestro
A cuadra y media vive su padre Aristóteles Aquino Gutiérrez, en una segunda planta rodeada de ventanales. Desayuna con su esposa Rocío Gutiérrez. Ambos se sienten orgullosos de él.
La sala es amplia, fresca, adornada con un piano brillante, un juego de sala mullido, fotografías de Arturo con Armando Manzanero; con la jalisciense pianista y compositora Consuelo Velázquez y Manuel Esperón, músico y actor de la época de oro del cine mexicano.
A sus 60 años, don Aristóteles es comerciante de motocarros ecológicos y Rocío, de 53, es catedrática sin el ejercicio de su profesión. Se ven conservados.
Sentado ahora sobre el sofá, don Aristóteles presume que Arturo ha tocado varias veces en el programa televisivo Animal Nocturno, pero le disgusta que su hijo sea sencillo, pues no hace alarde de sus viajes de trabajo fuera del país.
Doña Rocío, acompaña después a don Aristóteles en la plática y se sienta casi junto él.
Ella recuerda que cuando Arturo era niño contrataron al músico del pueblo, Efraín Garay, para que le enseñara a leer las notas en la casa. El maestro sólo llegó dos días y se declaró vencido por la desatención de Arturo.

¾Don Tito ya no voy a venir; su hijo no me hace caso, yo me siento aquí y él está mirando para otro lado --, dijo aquella ocasión don Efraín a don Aristóteles. Los tres reímos.

Un día, un “marimbista” profesional del pueblo, llamado Gabriel Sarmiento, le dijo a Arturo:

¾Tú eres un pianista que tiene dos manos derechas ¾tercia don Tito al rememorar la frase de don Gabriel.

Concierto
Frente al escaparate del teatro de la ciudad, en la capital de Chiapas, desfilan cabezas calvas, canosas, hombres barbados, damas de gafas. Siete de cada diez son mujeres. Es un público ordenado, ansioso de entrar al concierto de El Piano de México.
Las puertas se abrieron diez minutos antes de las ocho de la noche.
Los asistentes caen como gotas de agua en cada una de las butacas hasta colmar la sala. Aplauden de manera intermitente solicitando la aparición de Arturo y su orquesta.
Sobre el escenario, rodeado de veladoras encendidas, reposan instrumentos musicales entre luces suaves y columnas de humo de un incensario aromático o una máquina humeante.
Las tres primeras llamadas reglamentarias se hacen eternas.
Cinco minutos antes de las nueve, se apagan las luces y aparece Arturo, espigado, resuelto, carismático, catrín como en la fotografía de su nueva producción, con camisa blanca, chaleco y zapatos charolados.
Sus compañeros de la orquesta saltan hacia sendas tarimas.
Se presenta animadamente para después evocar momentos románticos, alegres, nostálgicos, bajo una atmósfera iluminada de estrellas escurridizas sobre las paredes.
Interpreta Balada para Adelina, El Manicero, Lágrimas Negras, Chiquitita, Latino, Corazón de Niño, entre otros sones combinados acertadamente con el requinto, la zampoña, el saxofón, la trompeta, la batería y las percusiones.
Concetta Constanzo, otra artista chiapaneca, hace retumbar la sala con su voz de soprano, acompañada del piano.
Luego, Arturo y Rodrigo Díaz, maestro del chelo, recrean la melancólica canción Caruso.
En un intermedio, Arturo presenta ante el público a su amada Clementina, una mujer de su pueblo, de unos 60 años, quien desde hace tiempo le lleva flores a su casa.
La sienta sobre el banquillo, junto a él tocando el piano, le canta al oído y la despide al final de la melodía con un abrazo cariñoso y un beso en la frente. Los espectadores festejan el acto.
Después de dos horas, una obra vernácula le pone punto final al espectáculo, el escenario se desborda de alegría, aparecen danzantes del carnaval zoque de su pueblo con atuendos extravagantes.
El público, de pie, contagiado por la emoción, rinde aplausos que parecen interminables.

jueves, 22 de marzo de 2012

¡Ay Ricardo!



Por Rafael Espinosa:
¾¡Ay Ricardo!, cómo olvidarte, si fuiste tú el que destruyó su propio matrimonio. Creías que esta aventura no dañaría tus 30 años de casado. Presumías ser un donjuán con las muchachas del pueblo.Siempre fuiste un infiel sin que mi hija, tu mujer, lo supiera. Pobre de ella, hacía trajes sastre para ayudarte en los gastos del hogar y mira tú con qué le pagaste, no tienes vergüenza, Ricardo. Yo pensaba que eras un hombre decente, aquel que conocí años antes, cuando pedías permiso para ver a mi hija y yo todavía contribuyendo a que la vieras contra las estrictas prohibiciones de mi marido. Dónde tenía la cabeza en ese entonces, pero ahora entiendo por qué Dios manda pruebas, es para saber el tipo de escoria que envía a la tierra, donde todos se revuelcan arrepentidos, y a esos son los que precisamente les da más vida, que dizque para que tengan tiempo de arrepentirse, mentira, el que es mala hierba es mala hierba y punto.
Recuerdo que mi hija te rescató del alcohol, hasta te acompañaba a los grupos de rehabilitación. Querías hijos y los tuviste, ya ves, son tres. Ninguno, gracias a Dios, son como tú. Todos son hombres trabajadores y fieles.
Cómo está eso de meter a tu cama matrimonial a la vecina. Arminda, mi hijita, me lo contó todo, de cómo la vecina estaba desnuda encima de ti, hasta vio que los ojos le caracoleaban y tu acostado tenías la mirada perdida, gimiendo de placer como un toro semental. El otro pendejo del marido de la vecina, que mientras él trabajaba en los Estados Unidos mandando dinero para sus tres hijos, su esposa se montaba como una amazona sobre otro pendejo. Ni vergüenza tiene, ahora la topo en la calle y ni cara tiene para mirarme.
Pobre mi hija hasta loca quedó después aquella escena. Los dos, a los casi 50 años, ni gracia tienen, lo podría creer de un par de mozuelos, pero ustedes. No tienen perdón de Dios. Lo que le hiciste a mi hija lo pagarás muy caro. Pobre ella, desde ese día fue poniéndose triste porque te quería de veras. Va a la tienda, meramente como una loca, con un suéter grueso bajo el solazo. Eso no es todo, Ricardo, lo que más me duele es que ahora va contando sus dedos como si hiciera cuentas, la saludan y ni caso hace. Pobre Arminda, le hubiera ido mejor con Armando, el que de joven le mandaba flores a la casa, pero la muy terca estaba enamorada de ti. Dicen los vecinos que a veces camina como si estuviera arreando pollos. 
Romeo, tu hijo mayor, ni caso le hace cuando ella le dice que mire a esa mujer que anda en la sala, y nadie hay. ¡Míralo!, le dice.
Ahora la tenemos encerrada porque nadie la puede vigilar, pero ahora dime, quién crees que le limpia la mierda y le cambia la ropa; pues yo. A mis años, a veces ya no puedo con este trajín.

La señora comenzó a llorar, sentada en su mecedora, junto a su hija loca.

De pronto, apareció Ricardo en la puerta.

--Suegra, vengo a pedirles perdón, a usted y a su hija ¾dijo arrepentido.

En un instante, la suegra sacó un revólver y disparó tres veces contra Ricardo.

¾No me maté, suegra ¾suplicó, tirado en el suelo.

¾Aparte de maricón, cobarde ¾dijo la suegra y le dio el tiro de gracia.

lunes, 27 de febrero de 2012

La ciudad...



Por Rafael Espinosa: 

La ciudad, un desastre de guerra,
campo de topos, trinchera,
laberinto insistente.
.
Tráfico, estrés, carros chocones,
choferes sin licencia y usuarios
desprotegidos.

Derrame de agua, filtraciones del
caño, señalamientos torcidos,
contenciones desajustadas.

Tarifas altas, parques abandonados,
delincuentes sueltos, economía baja
y perros hambrientos.

Manifestaciones sin fuerza, estudiantes
débiles, patrones aprovechados, madres
solteras, padres sin hijos, familias profusas.

Malabaristas en cruceros, cigarros sueltos,
drogas escondidas, cervezas en estantes,
gente sin comida.

Oscuros bulevares, colonias en los cerros,
incendios de montañas, mendigos en las
avenidas.

Escaparates iluminados, compras frustradas,
indígenas orillados, artesanos de banqueta,
iglesias desoladas.

Hospitales repletos, enfermos desahuciados,
policías corruptos, salvajes; homosexuales
con miedo.

Mujeres desamparadas, políticos traicioneros,
defensores comprados, oscuros funcionarios,
riquezas inexplicables.

Erario sin fondos, deudas ocultas, diputados
sin palabras, desastre irresuelto, exmandatario
en la celda, fiscales de hierro.

Empresas zalameras, empleados sin sueldo,
obreros cansados, carros abandonados,
temblores continuos, desechos regados,
turistas pobres y fiestas populares.

Amores adúlteros, compromisos legales,
parejas perpetuas, pasiones furtivas,
y muertos sin justicia.
                

sábado, 25 de febrero de 2012

El supuesto ladrón de la azotea



Por Rafael Espinosa:
El presunto ladrón caminaba intranquilo sobre la azotea buscando dónde bajar, mientras que el “hervidero” de gente lo esperaba abajo lanzándole improperios para que se entregara.
Algunos habitantes de “Chiapas Solidario” se habían reunido al escuchar el grito de auxilio de don Sebastián Pérez que interrumpió el silencio de la madrugada; luego —a los cuatro vientos— la bocina de la colonia alertó a los demás vecinos de la presencia de un desconocido en el techo de una casa y los convocó a una reunión urgente.
El supuesto delincuente, quien se identificó después con el nombre de Marcos Guadalupe de la Cruz Bermúdez, de 18 años, intentó escurrirse en un árbol alto de la casa trasera, siendo interceptado por otro colono. Volvió a treparse y se desplazó hacia el otro extremo de la losa sin animarse a brincar los ocho metros, en el patio contiguo de otra vivienda.
La casa de don Sebastián, de unos 10 metros de ancho y 20 de largo, está en una esquina, en desnivel, de modo que el techo de la escuadra formada por la Avenida Higo y Calle Durazno está un poco bajo. Tres cuartas partes del inmueble tiene losa y sobre está existe un espacio abierto que dejó para una posible escalera.
Marcos intentó bajar por ahí y sólo consiguió romper el cristal de una taquera abandonada; subió otra vez debido a que otros lo cazaban por este lado. Cuando don Sebastián subió a su azotea por el patio de su casa, tres vecinos ya estaban arriba tratando de calmar al malandrín quien tenía un tubo en su mano para defenderse.
Por las buenas lo convencieron para que se entregara y dejó el tubo por un lado. Lo amarraron de los pies y de las manos para lanzarlo hacia un “suave” montón de arena de río, en la parte más baja del techo de lado de la calle, por donde se había trepado.
Para ese entonces, Rubisel Aguilar, presidente de la colonia, ya había pedido por teléfono una patrulla cuyos agentes pusieron al detenido a disposición de la autoridad competente. Don Sebastián asistió esa madrugada a las oficinas para darle continuidad a la denuncia.
En su domicilio, donde también tiene acomodado un changarro de abarrotes, don Sebastián Pérez recordó que ese día apenas cerraba los ojos para dormir, cuando escuchó —proveniente de su losa— el ruido estridente de unos tubos metálicos.
Salió a la calle, a la defensiva. Se le hizo raro que hallara una mochila abandonada fuera de su casa, incluso, a través de la ventana, le informó del hallazgo a su esposa. Subió la pendiente de la calle hundiendo sus pies en el polvo de caliche. Se ubicó en un sitio estable y clavó su mirada en la oscuridad hacia la azotea; nada extraño había.
De pronto, el presunto ladrón saltó hacia un desnivel de la misma azotea, ocultándose detrás de la ropa colgada del tendedero. “En ese momento comencé a pedir auxilio”, relató, al tiempo de explicar cómo corría el afligido muchacho sobre la azotea.
Cuando fue detenido, Marcos decía que se había equivocado de casa. Algunos de la turba le preguntaron si su casa era igual a la de don Sebastián y contestó que no. “Entonces ¿qué haces aquí?”, le dijeron. “Se quedaba callado”, narró don Sebastián.
Haciendo una revisión a su inmueble, don Sebastián se percató que Marcos tenía preparado para llevarse un cilindro de gas doméstico y un ventilador, los cuales habían sido sacados de una habitación sin ventana hacia el traspatio bardado.
Se enteró también que Marcos había apartado en un rincón de la azotea, la ropa íntima de su familia que estaba colgada en el tendedero. A través de los vecinos se informó que extrañamente dentro de la mochila había una blusa, un sostén y un par de zapatillas. Asimismo supo que Marcos tiene su domicilio, en la colonia contigua.
Al día siguiente del escándalo, los padres de Marcos llegaron a casa de don Sebastián para suplicarle que le otorgara el perdón a su hijo. Don Sebastián contó que los señores son grandes de edad y, a juzgar por su apariencia, de escasos recursos económicos. Fue tanto el sentimiento de la madre del muchacho que hasta lloró, por eso asentí pero con una sentencia, advirtió.

—¡Sí, pero ya no quiero verlo por aquí! —soltó con inflexión en la voz.

Fue ante el Ministerio Público y firmó un documento, recordó. Hasta ahora desconoce si Marcos está en el “bote” o goza de su libertad.